Los milagros de la Sunna

Los milagros tangibles del Profeta durante la Batalla del Ahzab

Durante el periodo de la excavación del foso.

Sucedieron varios milagros tangibles a manos del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam; entre ellos tenemos: la abundancia de la comida preparada por Yabir ibn ‘Abdul-lah, que Al-lah esté complacido con él.
Fue narrado bajo la autoridad de Yabir ibn ‘Abdul-lah, que Al-lah esté complacido con él, que dijo:
El día del foso, cuando estábamos excavando, nos topamos con una enorme roca. Por lo tanto fueron al Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, y le dijeron: Hay una enorme roca que obstaculiza la excavación del foso. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, dijo: «Voy a descender (al foso)». Se levantó, y sobre su vientre tenía atada una roca (que se usaba para mitigar artificialmente el hambre), como habíamos permanecido a lo largo de tres días sin comer nada. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, tomó la picota y golpeó la enorme roca y esta se pulverizó, convirtiéndose en arena dispersa.
Yabir, que Al-lah esté complacido con él, continuó:
“Luego dije: ¡Oh, Mensajero de Al-lah! Permíteme ir a casa”. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, se lo permitió. “Luego dije a mi esposa: He visto que el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, está sufriendo de hambre, de una manera insoportable. ¿Tienes alimento? Ella dijo: Tengo cebada y una cabrita. Así pues, degollé la cabrita y molí la cebada, y pusimos la carne en elcaldero. Luego fui al Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, cuando la muchedumbre se había preparado y el caldero estaba encima del fuego y el alimento a punto de estar bien cocido. Entonces, me dirigí al Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, y le dije: He preparado algo de comida, ven, Mensajero de Al-lah y trae uno o dos hombres contigo. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, me preguntó acerca de la cantidad de comida y le respondí. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, dijo: «Es mucha y buena. Dile a tu esposa que no aparte el puchero del fuego y no saque el pan del horno hasta que yo venga» Luego el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, dijo: «Levantaos» y  Al Muhayirun y Al Ansar se levantaron para seguirle. Al entrar, su esposa, dijo: ¡Ay de ti! El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, vino con Al Muhayirun y Al Ansar y quienes estaban con ellos. Ella dijo: ¿Te ha preguntado acerca de la cantidad de comida? Le respondí afirmativamente. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, dijo a sus compañeros: «Entrad y no os apretujéis». Así empezó a partir el pan, poniendo la carne sobre el. Cada vez que se servía comida tapaba el caldero y les llevaba más comida. Siguió haciéndolo hasta que todos se saciaron, y la comida sobró. El Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, le dijo a ella: «Cómela y regala esta comida, pues la gente sufre de mucha hambre» [Al Bujari].
La hija de Bashir ibn Sa‘d, que Al-lah esté complacido con él, dijo: Mi madre, ‘Amrah bint Rawahah, me llamó y me dio un puñado de dátiles en mi vestido. Y luego me dijo: ¡Hija mía! Vete donde tu padre y tu tío, ‘Abdul-lah ibn Rawahah, que Al-lah esté complacido con él, y dales su almuerzo. Dijo (la narradora): Los tomé, dirigiéndome a ellos. En el camino pasé por el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, que me dijo: «Ven aquí, hijita, ¿Qué tienes?» Dije: ¡Oh, Mensajero de Al-lah! Éstos son unos dátiles, con los que mi madre me ha enviado a mi padre, Bashir ibn Sa‘d y mi tío, ‘Abdul-lah ibn Rawahah, para comerlos. Dijo: «Dámelos». Ella dijo: Los puse en las manos del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, pero no las llenaron. Luego el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, pidió un vestido donde extendió los dátiles. Luego dijo a un hombre: Llama a la gente del foso a la comida. Así toda la gente del foso se reunió y siguió comiendo de ellos y los dátiles seguían incrementándose, hasta que la gente del foso los dejó por sentirse saciados y los dátiles estaban cayendo por los extremos del vestido.
En ambas narraciones hay milagros tangibles y patentes del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam. Además, destaca el papel de la musulmana en la participación con los musulmanes en su Yihad. Cuando los musulmanes se preocuparon por la excavación del foso, abandonaron su trabajo. De este modo, su sustento se vio reducido y la gente sufrió por el hambre, hasta que el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, y los musulmanes llegaron a atarse piedras sobre sus vientres por el hambre. De esta manera la musulmana ayudaba a los musulmanes mediante la preparación de la comida.
De las señales de la profecía durante la excavación del foso está el hecho de que el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, informara a ‘Ammar ibn Iasir, que Al-lah esté complacido con él – mientras estaba excavando con ellos el foso – que iba a morir a manos de un grupo injusto. De hecho, murió en la batalla de Siffin cuando formaba parte del ejército de ‘Ali, que Al-lah esté complacido con él.
Además, cuando una roca les obstaculizó la excavación a los Sahabah, que Al-lah esté complacido con ellos, el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, la golpeó tres veces y se esta se pulverizó. En la primera vez dijo:»Al-lahu Akbar (Al-lah Es el más Grande), me concedieron las llaves de Ash-Sham. Por Al-lah, veo ahora sus palacios rojos». Tras el segundo golpe dijo: «Al-lahu Akbar (Al-lah Es el más Grande), me concedieron las llaves de Persia. Por Al-lah, veo el palacio blanco de Al Mada’in». Y tras el tercero dijo: «Al-lahu Akbar (Al-lah Es el más Grande), me concedieron las llaves de Yemen. Por Al-lah, veo ahora, desde mi lugar, las puertas de Saná». De hecho, se cumplieron estas buenas nuevas que informaron la expansión de las conquistas islámicas en un tiempo cuando los musulmanes estaban asediados en Medina padeciendo miedo, hambre y el crudo frío.

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