El milagro eterno del Corán

El milagro eterno del Corán: la transmisión oral Corán El Sagrado Corán es la palabra revelada de Dios, un libro sagrado cuyo aprendizaje y enseñanza se cuentan entre los actos de adoración más sublimes y cercanos a Él. Dios, exaltado sea, dijo: «[Este es] un Libro bendito que hemos revelado para que mediten en sus versículos y para que reflexionen los dotados de entendimiento». [Surah Sad: 29] Y el Mensajero de Dios (la Paz sea con él) dijo: «El mejor de ustedes es quien aprende el Corán y lo enseña». [Narrado por Al-Bujari]
El Profeta (la Paz sea con él) dedicó gran parte de su vida a enseñar el Corán a sus compañeros, en sus diez lecturas (hablaré de ellas en próximos artículos). Les recitaba los versículos para que los memorizaran o escribieran, y luego escuchaba su recitación y corregía sus errores, hasta que dominaron el Corán con gran precisión. Les animaba a embellecer sus voces al recitarlo, diciendo: «No es de los nuestros quien no embellece su voz al recitar el Corán». [Narrado por Al-Bujari]
Algunos de los compañeros recitaban con voces tan hermosas que conmovían a quienes los escuchaban.
Cuando se completó la revelación del Corán y el Mensajero de Dios (la Paz sea con él) falleció, sus compañeros se dispersaron por las regiones del mundo islámico —Irak, Siria, Egipto, Yemen— y enseñaron el Corán de la misma manera en que lo habían recibido: mediante la escucha directa y la transmisión oral. Así, los musulmanes han heredado esta forma de transmisión generación tras generación, sin alteración ni distorsión alguna, a pesar de la ausencia de medios modernos de grabación en aquellos primeros siglos.
Hoy en día, no existe diferencia alguna entre las recitaciones de los lectores certificados (muŷâzin) en el mundo islámico, lo cual constituye uno de los milagros del Corán y una manifestación de la promesa divina de su preservación.
En el siglo III de la hégira, los eruditos comenzaron a estudiar esta transmisión oral con un método científico riguroso y registraron sus reglas en obras especializadas, divididas en dos ramas principales:
Fonética coránica: que se ocupa de explicar los puntos de articulación de las letras y sus características, como el punto de salida de la letra alif o ba, y cualidades como la intensidad (shidda) y la suavidad (rikhwa).
Tajwid: que trata las reglas de recitación del Corán, como la ghunna (nasalización), las prolongaciones (mudud), la ocultación (ikhfāʼ), la elevación (istiʿlāʼ), la oclusión (iṭbāq), entre otras.
El interés por estas ciencias no se limitó a los árabes. Muchos no árabes también contribuyeron a su desarrollo, a pesar de las dificultades que enfrentaban para pronunciar ciertas letras o aplicar las reglas con precisión. Por ello, su recompensa es doble, como dijo el Profeta (la Paz sea con él): «A quien lee el Corán con dificultad, tartamudeando, y le cuesta trabajo, le serán dadas dos recompensas». [Narrado por Muslim]
Una vez entablé un diálogo con un escéptico que afirmaba que el Corán había sido alterado. Le pregunté con calma:
—¿Puedes decirme qué versículo fue alterado? ¿Cómo ocurrió? ¿Y cómo explicas que los musulmanes estén de acuerdo en el texto del Corán, letra por letra, a pesar de sus diferencias políticas y doctrinales desde los primeros tiempos?
Me respondió: —No tengo pruebas.
Le dije: —Entonces, no está bien hablar sobre un asunto tan serio sin conocimiento.
La unidad de los musulmanes en la transmisión del Corán —en pronunciación, recitación y precisión— a lo largo de las generaciones, pese a su dispersión geográfica, es una prueba evidente de que Dios ha protegido Su Libro, tal como prometió:
«Ciertamente Nosotros revelamos el Mensaje y ciertamente Nosotros lo preservaremos». [Surah Al-Hijr: 9]
En cuanto a los manuscritos antiguos del Corán, trataré ese tema con más detalle en el futuro, pues representan otro aspecto del milagro, que se suma a la transmisión oral de este Libro sublime.




